Cine y educación

Difícil sería encontrar un tema que el cine no haya tratado en su más que centenaria historia. El que constituye el tema central de estos trabajos, la educación, no iba a ser excepción. Y me refiero a la educación en lo que atañe a la labor de algunas personas, preferentemente maestros, referida a los que para simplificar denominaré como alumnos. Porque también me podría referir a la labor de educación que el cine puede ejercer sobre los espectadores, pero eso es otro tema. Un tema que con frecuencia se confunde con el adoctrinamiento, de connotaciones más negativas.

En lo que me quiero detener es en las numerosas películas en las que se han tratado temas relativos a las aulas, a la vida de los profesores, a sus relaciones con los alumnos y todas las variantes que pueda haber al respecto.

Apenas encontraremos a nadie que niegue la importancia que el período de educación, o sea de acopio de conocimientos, tiene en la vida de las personas.

Qué duda cabe que se trata de un tema interesante, incluso apasionante, humano y proclive a toda clase de tratamientos. Porque apenas encontraremos a nadie que niegue la importancia que el período de educación, o sea de acopio de conocimientos, tiene en la vida de las personas.

Es verdad que la misma no cesa, o más bien deberíamos decir que no debe cesar en ningún momento de nuestras vidas, pero bien se puede decir que es en la época en que está atendiendo las clases que alguien le imparte cuando el ser humano es por encima de todo un educando, un digamos “profesional” del aprendizaje.

Hacer un repaso exhaustivo de todas las películas que han tocado estos temas, además de prolijo sería casi interminable, y seguro que me dejaba buen número de ellas. Pero sí querría detenerme en unas cuantas que voy recordando por unos u otros motivos, no siempre relacionados con su calidad.

Curiosamente, la primera que me viene a la mente es una muy alegre. No diré que sea una gran película, pero sí que nos produjo a los chicos de mi época un gran impacto, posiblemente porque todos anhelábamos tener un profesor como aquel John Mills, bajo cuya batuta los alumnos de un colegio británico entonaban aquella melodía que se hizo muy popular en un programa deportivo de la radio española. Quien tenga ya sus añitos habrá ya adivinado que me estoy refiriendo a la titulada Es grande ser joven, hermoso título que todos suscribíamos y que muchas décadas después seguro que también lo hacemos, problemas de paro incluidos. Qué diferencia de colegio con los nuestros en aquella España de los cincuenta. Por el cine intuíamos que había otras formas de enseñar, de relacionarse entre maestros y alumnos, aunque a veces nos costara comprender aquella parafernalia de los americanos, con sus clubes y hermandades, tan lejanas a nuestra cultura y costumbres.

Por el cine intuíamos que había otras formas de enseñar, de relacionarse entre maestros y alumnos

Porque buen número de las películas que han llegado en tantos y tantos años a nuestras pantallas donde se abordan temas relativos a las aulas y a las relaciones entre maestros y alumnos nos han llegado de países anglosajones. Siguiendo con los británicos, cómo olvidar a aquel Mister Chips, que en los treinta fue Robert Donat y a finales de los sesenta Peter O’Toole. O aquella Versión Browning, donde el protagonista fue Michael Redgrave en una ocasión y Albert Finney muchos años más tarde. En estas películas podíamos asistir al ambiente de los colegios británicos a la manera clásica, continuadores de una tradición que aún se mantiene en muchos casos.

Muy diferentes han sido las películas que nos han llegado desde Estados Unidos, donde en la mayoría de las ocasiones la visión que se nos ofrecía por los problemas de la educación era más bien sombría. Solo en la exitosa El club de los poetas muertos asistíamos a unas formas de relación similares a las británicas, aunque la acción se desarrollara en Nueva Inglaterra. En cierta forma el personaje de Robin Williams recordaba al de aquellos profesores británicos tan cercanos a los alumnos, tan campechanos diríamos nosotros. Esa simpatía del personaje y la habilidad melodramática del guión hizo que alcanzara un gran éxito entre nosotros.

En Semilla de maldad, el profesor Glenn Ford lidiaba con una caterva de díscolos alumnos comandados por Sidney Poitiers, mientras se oía de banda sonora un rock and roll por primera vez en la historia del cine. A la postre se recuerda más esta película por aquel “rock alrededor del reloj” de Bill Haley que por la calidad de la película, que no era poca.

Curiosamente muchos años después el propio Poitiers se subiría al estrado del profesor para ser él quien se viera con un grupo de gamberros de la periferia de Londres, curiosamente comandados por una chica, la ahora olvidada Judy Geeson.

En España, durante décadas, la educación tuvo mucho más de adoctrinamiento que otra cosa

En ambas películas la impresión que se sacaba era francamente desoladora. Algo así como “con esta gente no hay nada que hacer”.  En los noventa Michele Pfeiffer repetiría experiencia en Mentes peligrosas, subiendo algo más el tono al aprovechar la liberalización verbal alcanzada en el cine de la época.

Un país muy aficionado a tratar el tema de la educación en las aulas ha sido Francia. Y posiblemente algunas de las mejores películas sobre el tema nos hayan llegado desde el país vecino. Cómo olvidar La clase, reciente éxito de Laurent Cantet. O la maravillosa Hoy empieza todo, de Bertrand Tarvernier, para quien suscribe una de las más interesantes películas del género.

O, yendo unos años atrás, aquellas dos de François Truffaut, La piel dura y El pequeño salvaje. En la primera se adelantaba la línea narrativa de la de Tavernier, para realizar un filme casi neorrealista, y en la segunda se trataba nada menos que de las teorías roussonianas, inspirándose en un caso al parecer real.

¿Y nuestro país? Por razones obvias, durante años ha sido un tema apenas tratado, y mucho menos en profundidad. Durante décadas la educación tuvo mucho más de adoctrinamiento que otra cosa, y ciertas cosas mejor no tocarlas, y si se tocaban ahí estaba la censura para poner orden.

Consultando una de las múltiples encuestas que circulan sobre las mejores películas españolas en estos últimos cincuenta años, solo aparece una que toca directamente un tema relativo a un maestro. Hablamos de La lengua de las mariposas, donde encontramos un personaje ejemplar salido de la magnífica pluma de Manuel Rivas y defendido como en él era costumbre por el gran Fernán Gómez.

Y es que busco en los rincones de mi memoria y apenas aparece nada más digno de mención. Sí, claro, encontramos maestros y maestras – Elvira Quintillá en la de Mr. Marshall, Lali Soldevilla en El espíritu de la colmena, entre otras- pero no es la educación o el ambiente en un aula el tema central de las películas en estos casos.

La ola, inspirada en hechos reales, mostraba la facilidad con la que se puede manipular a las masas

Hace cuatro años nos llegó un inquietante filme alemán, La ola, inspirada en hechos reales, que mostraba la facilidad con la que se puede manipular a las masas, en este caso una clase de jovencitos, para arrastrarlas hacia prácticas totalitarias. Posiblemente junto con La clase lo último interesante que nos ha llegado del tema.

En el terreno del humor cabría recordar a Cantinflas haciendo de “profe” o a un Jerry Lewis en plena forma parodiando a Jekill y Hyde en aquel Profesor chiflado de grato recuerdo. Y poniéndonos sentimentales y guiándome por mis recuerdos infantiles que a lo mejor ahora me defraudarían, el gran (en todos los sentidos) Aldo Fabrizi en la modesta película El maestro, dirigida por él mismo con coproducción española.

Tangencialmente podíamos recordar dos argumentos que han dado origen a varias versiones cada uno: el de un orgulloso profesor lingüista intentando convertir a una florista en una señorita –véase Pigmalión o My fair lady– o el de una institutriz británica educando en la corte del rey de Siam —El rey y yo, Ana y el rey de Siam y años más tardes la olvidable Ana y el rey—.

En fin, un buen número de filmes que abordaron un asunto tenido por todos por fundamental para la sociedad y ahora tan atacado por todas partes, el de la educación de nuestros menores, con el convencimiento de su importancia ya que están destinados a ser nuestro relevo. Bueno, al menos en teoría, porque con la que está cayendo…

 Fernando Gracia
 


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